Los secretos de darle agua a tu bebé

Proporcionalmente los bebés necesitan más líquidos que los adultos, pero antes de los seis meses lo único que deben tomar es leche materna o de fórmula; darles agua o alguna infusión puede representar un riesgo para su salud. Entérate por qué.

Los bebés alimentados con leche materna o con fórmula no necesitan beber agua natural durante los primeros seis meses de vida, pues la leche les proporciona los nutrientes y líquidos necesarios.
De acuerdo con los especialistas, la ingesta de agua sola se recomienda a partir del séptimo mes y en pequeñas cantidades. De hecho, los niños que son amamantados incluso después de los seis meses de vida e inician una alimentación complementaria (fruta, verdura, ectécera) pueden no necesitar ningún aporte extra de agua.

Por su parte, los niños no amamantados suelen hacer menos tomas de leche (fórmula) al iniciar la alimentación complementaria (generalmente un biberón en la mañana y otro por la noche) y por esta razón es más probable que sí necesiten beber agua durante el día; la cantidad dependerá de la necesidad del pequeño manifiesta a través de la sed.

Después del primer año y hasta el tercero, la ingesta de agua natural aumenta hasta alcanzar 1.3 litros; debe tomarse en cuenta aquella que proporcionan los alimentos.

Hay dos supuestos en que tú bebé podría necesitar algo de agua natural: cuando tiene fiebre o diarrea, pero siempre con supervisión médica. Si tu bebé tiene menos de seis meses debes darle agua baja en sodio.

Los riesgos de darle agua a tu bebé

Uno de los riesgos principales de darle agua natural o infusiones a tu bebé menor de seis meses es la desnutrición porque el agua calma la sensación de hambre de tu bebé al llenar su estómago, pero no aporta los nutrientes necesarios que sí le brinda la leche materna o de fórmula. Por eso los especialistas insisten en que para tener un óptimo desarrollo durante este periodo de vida los bebés sólo necesitan leche.

Otro riesgo de darle agua o infusiones es que ésta puede convertirse en un vehículo para patógenos que pueden causar infecciones o diarrea, si no existe la higiene suficiente.

Un tercer riesgo documentado es la hiperhidratación. Los bebés menores de cuatro meses tienen los riñones aún inmaduros, por lo que presentan dificultad para desechar el sodio, lo que provoca el cuadro de hiperhidratación. Algunos de los síntomas son: irritabilidad, somnolencia, baja temperatura corporal (36 o menos), hinchazón de la cara y en casos extremos convulsiones.


Si la ingesta de agua es obligada en bebés menores a seis meses, las recomendaciones son darle agua baja en sodio y evitar diluir demasiado las fórmulas lácteas, así como restringir las bebidas pediátricas con electrolitos.

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